¿Quién no ha oído hablar de las célebres torturas chinas?

Estos castigos, ideados para reprender a los supuestos malhechores, fueron aplicados implacablemente y de una manera exquisita durante siglos.

De entre las torturas más famosas destacan:

  • La de la gotita de agua fría que cae cada segundo sobre la frente del reo imposibilitando el sueño y provocando la muerte por agotamiento.
  • La de hacer cosquillas en los pies del acusado durante horas.
  • La de obligar al procesado a aprenderse de memoria miles de kanji durante día y noche hasta que éste perdía la cordura.

«Reo acusado de confundir 入 con 人» (fuente: NYPL)

Que no hombre, que es broma. Bueno, a medias…

Anteriormente habíamos hablado sobre cómo dibujar kanji en nuestro dispositivo favorito. Pero ¿qué son realmente los kanji? ¿Cuál es su origen? ¿Qué hay de verdad en eso de que son señales dejadas por extraterrestres?

Los kanji son uno de los sistemas de escritura que se utilizan en japonés. Fueron importados de China durante el siglo V d. C. y ampliamente difundidos por el archipiélago nipón gracias a la expansión del budismo.

La palabra kanji (漢字) significa literalmente «carácter Han», puesto que fueron introducidos durante la hegemonía de dicha dinastía china.

Existen varias teorías que intentan explicar su origen, pero la más aceptada en la actualidad es a su vez la más curiosa de todas:

Hace alrededor de 4000 años, se quemaban en China caparazones de tortuga y otros huesos de animales con el fin de plantear preguntas a los dioses, tales como «¿Cuándo será el momento propicio para la siembra?», «¿Lloverá el día de la batalla?» o «¡¿Por qué tortugas ?!»

Debido a las altas temperaturas provocadas por la combustión, esos caparazones y huesos se resquebrajaban dando lugar a formas de lo más diversas. Se creía que estas fracturas representaban la respuesta de los dioses a las preguntas formuladas por los hombres.

Plastrón de quelonio de la dinastía Shang asado a la parrilla (fuente: Wikipedia)

Sin embargo, los dioses eran caprichosos y no lo ponían fácil, con lo que había que interpretar el significado de esas marcas. Para ello, se repasaba el perfil de las fracturas intentando relacionarlas de alguna manera con objetos del mundo real. Era común también trasladarlas a otro medio, «a limpio».

Teniendo en cuenta que no siempre aparecerían las mismas fracturas y que además se trataba de una interpretación totalmente subjetiva, los resultados divergían de una sesión adivinatoria a otra. Se han descubierto alrededor de 3000 caracteres de ese periodo, de la mitad de los cuales se desconoce todavía su significado.

Con los años la dinastía Shang y sus métodos adivinatorios desaparecieron (tal vez no formularon las preguntas adecuadas), dejando paso a la dinastía Zhou (1100-221 a.C.) que pronto se interesó por la extraña costumbre de sus antecesores, dando por hecho que debía de tratarse de alguna especie de sistema de escritura sin serlo realmente.

Es durante este periodo que se puede empezar a considerar a estos ideogramas como un medio para registrar acontecimientos.

Típico ejemplo con el carácter de «fuego» (fuente: webloginjapan.com)

Pese a ello, la uniformidad brilló por su ausencia ya que con el tiempo los escribas llegaron a olvidar la forma, el tamaño e incluso el origen de algunos caracteres, con lo que hubo multitud de casos en los que si un escriba olvidaba cuál era la forma correcta de un ideograma, optaba por dibujarlo a su manera. Total, ¿quién iba a notar la diferencia?

Pues hubo alguien, sí. Esta mala praxis hizo enfurecer al mismísimo Confucio:

«Cuando era joven, todavía quedaban algunos escribas que dejaban en blanco aquellos caracteres que no sabían escribir; ¡hoy ni siquiera quedan de esos hombres!»

Como vemos, un tipo con carácter.

Esto llevó a que un mismo ideograma se multiplicara sin cesar durante años, ya que los escribas no sólo arrastraban los errores de sus predecesores sino que además añadían errores de su propia cosecha.  Todo ello en perjuicio de la etimología, claro está.

La estandarización

Tras siglos de reinos autónomos con sus propios sistemas de escritura (¡y cada uno con sus respectivos ideogramas creados por escribas iletrados!), la dinastía Qin (221-206 a.C.) inicia el proceso de unificación del territorio chino.

Todo pasa a estandarizarse, desde las unidades de medida hasta el sistema de escritura y se establece una lista de 3300 ideogramas de obligado estudio para los académicos.

Es en dinastías posteriores cuando los descendientes de esos caracteres se introducen en Japón, pero ya hablaremos otro día de cómo y de lo que comportó adoptar este método de escritura en el idioma japonés…