El japonés es un idioma apasionante, si bien es cierto que hay veces en que su estudio puede llegar a ser algo desquiciante.

Como con otros idiomas, uno de los puntos más desalentadores es el de aprender vocabulario nuevo.

Un handicap importante que tiene el japonés respecto a otras lenguas es que la palabra nueva que intentamos aprender puede estar formada por kanji que desconocemos (y por ende, desconocemos su lectura), multiplicándose así la dificultad, al tener que aprender más de una cosa de una sentada.

Así pues, el procedimiento suele ser el siguiente: nos encontramos con una palabra nueva, que puede constar de uno o varios kanji los cuales tenemos que recordar, aprender sus respectivas lecturas y el significado de la palabra completa. Para retener el kanji, convendrá escribirlo hasta que nos salga natural.

Y así una y otra vez hasta que memoricemos todos esos campos. Casi nada.

Al haber tantos campos, aumentan las posibilidades de olvidar alguno de ellos.

Sin embargo, en la actualidad existen programas que pueden hacernos la vida algo más fácil. Tal es el caso de Anki.

¿Qué es Anki?

Anki (del japonés 暗記, aprender de memoria) es un programa destinado a la memorización de una materia determinada. Está disponible para la mayoría de sistemas operativos de escritorio.

Es posible que hayáis oído alguna vez el término flash card. Son las típicas tarjetas de estudio mnemotécnico. Su uso más extendido es el de ayudar a aprender vocabulario, aunque se pueden utilizar para cualquier otra cosa.

Pese a su nombre y al uso del que yo hablaré aquí, Anki no está diseñado únicamente para el estudio de la lengua japonesa y puede utilizarse para prácticamente todo lo que se nos ocurra, puesto que las tarjetas a estudiar pueden incluir tanto imágenes como audio, lo que amplía muchísimo sus posibilidades.

El sistema que utiliza Anki se basa en la técnica de la repetición espaciada en el tiempo de dichas tarjetas. Es decir, machacar especialmente aquellas tarjetas que nos hayan costado más memorizar.

Para ello, el usuario debe crear las tarjetas de la temática que considere y formar un mazo. Otra opción es descargar un mazo de internet, aunque por experiencia, los que creemos nosotros se ajustarán mejor a nuestras necesidades.

El tipo más simple de tarjeta consta de dos partes, reverso y anverso, a modo de pregunta y respuesta, aunque esto también se puede modificar, adaptando los campos que queramos estudiar a nuestro gusto. En mi caso, uso el formato predeterminado, aunque el que suelo ver por ahí es de 3 campos: kanji en el anverso, y lectura y significado en el reverso. Para mis propósitos, me basta fusionar el segundo y el tercer campo en la parte trasera de la tarjeta, pero esto irá a gustos.

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Una vez creadas las tarjetas podremos empezar a repasarlas. En nuestro caso se tratará de una lista de vocabulario, pero como he dicho más arriba, puede ser cualquier otra cosa.

El funcionamiento es sencillo: Anki nos mostrará una tarjeta con una palabra. Cuando creamos que ya tenemos clara la respuesta pulsaremos sobre el botón de Mostrar Respuesta.

Se nos mostrará la solución y debajo de esta aparecerán también unos botones donde deberemos puntuar lo bien que dominamos esa tarjeta.

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La peculiaridad que tiene Anki es que las tarjetas se reordenan por urgencia, es decir, si cometemos algún error durante el repaso, esa tarjeta se volverá a mostrar más adelante con preferencia a otras tarjetas que sí hayamos acertado. El programa realizará estadísticas de acierto/error que recordará de una sesión de estudio a otra.

Destacar también, que se pueden añadir funcionalidades, como el soporte de furigana, descargando complementos desde el propio programa. En el caso de querer insertar furigana, deberemos instalar el complemento llamado Japanese Support.

Pese a todo lo dicho hasta ahora, la verdad es que nunca le acabé de ver la gracia a Anki en su momento porque era un método que nos obligaba a estudiar delante de la pantalla de un ordenador, con todas las incomodidades y distracciones que eso conlleva. Así que lo probé y, al ver que no era me era práctico, al poco tiempo lo dejé.

No fue hasta la aparición de las diversas versiones para dispositivos móviles cuando le encontré un uso realmente práctico.

Poder aprovechar los ratos de viaje en tren o autobús para estudiar o repasar no tiene precio y era impensable hace solo unos años.

Aquí me centraré en hablar de la versión de Anki para Android, llamada Ankidroid. ¡Viva la originalidad!

Existe una versión para iOS, que a mi parecer es bastante cara para lo que ofrece. En todo caso, si a alguien le interesa, se llama AnkiMobile y puede descargarse desde aquí.

Si no disponéis de ninguno de estos dos sistemas operativos (o consideráis que no vale la pena el desembolso para la versión de iOS), siempre se puede usar una versión web para repasar las tarjetas desde el navegador del dispositivo. Para ello deberéis acceder desde Ankiweb a vuestros mazos para poder repasarlos. Como es lógico, necesitaremos estar conectados permanentemente a internet, ya sea vía Wi-Fi o tarifa de datos. Es menos práctico, la verdad, pero menos es nada.

Bien, pasemos a hablar de la versión de Android.

Ankidroid

A diferencia de la versión de iOS, Ankidroid es una aplicación totalmente gratuita. Es muy completa y permite hacer prácticamente lo mismo que podemos hacer con la versión de escritorio: crear/editar tarjetas y mazos, descargar mazos de internet, convertir texto a voz, etc., con la ventaja de poderlo tener todo en un dispositivo portátil.

Lo ideal es crear las tarjetas en el ordenador, que es mucho más cómodo, y exportar los mazos al dispositivo.

Ankidroid puede ser descargada desde su propia página o desde Google Play.

El funcionamiento es muy similar al de la versión de PC, así que no me explayaré en detallar su funcionamiento. Al trabajar en local, no es estrictamente necesario contar con conexión a internet, si bien puede ser interesante sincronizar los mazos entre los distintos dispositivos que tengamos si así lo deseamos.

Comentar simplemente que dispone de un ‘modo noche’ y que las sesiones tienen un límite de tiempo para así sufrir un poco más. 😀 Esto último puede desactivarse fácilmente en la pantalla de presentación del mazo que hayamos seleccionado.

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Sin embargo, además de lo mencionado hasta ahora, Ankidroid dispone de una opción la mar de interesante: la de poder utilizar la pantalla como si fuera una pizarra.

¿Y qué tiene eso de especial? Como la mayoría de estudiantes de japonés sabe, la mejor manera de grabar un kanji en la cabeza es dibujarlo. Si no se hace así (salvo mentes privilegiadas) suelen olvidarse con facilidad. Y aun haciéndolo también, la verdad.

Así pues, podremos dibujar el kanji en cuestión en la pantalla de nuestro móvil/tablet con el dedo, facilitando así la memorización de este.

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Esta opción no viene activada de manera predeterminada y hay que seleccionarla en los ajustes de la aplicación.

Como es lógico, para poder aprovechar esta función, el dispositivo debe de tener una pantalla lo suficientemente grande. Recomiendo al menos 4 pulgadas. Menos de eso resultará engorroso.

La verdad es que es un placer (es un decir, claro :P ) poder repasar kanji dibujándolos desde el sofá, sin necesidad de estar delante del ordenador.

Ahora os queda a vosotros investigarlo. ¿Os animáis a probarlo? 😉